Reflexiones de Juan Carlos Altamirano sobre los Movimientos del PRE
Los Movimientos y el Campaneo en el Caballo Español. Un vicio surgido de las modas que puede y debe corregirse.

La Teoría de la Evolución Aplicada al Caballo Español

Informe © Ediciones PURA RAZA

Por Juan Carlos Altamirano

Según el actual Reglamento del caballo pura raza español sus movimientos deben ser: “Ágiles, elevados, extensos, armónicos y cadenciosos. Gran facilidad para adoptar variadas aptitudes y vencer dificultades, así como especial predisposición para la reunión y los giros sobre el tercio posterior”.
Pero dentro de estos movimientos, y durante largos años, ha existido, y existe, un tipo denominado "campaneo" que, aunque apareció con más profusión en esta raza no es un defecto exclusivo de ella. Ni tan siquiera, en el pasado, fue considerado defecto sino una virtud. En el Diccionario Ecuestre Español(1) que publiqué hace unos años definía el término “campaneo” como el movimiento de bolea que describe un arco hacia fuera y que realizan algunas caballerías. Bien por defectos de aplomos como zambos, estevados, palmitiesos, etc... o por selección artificial, como es el caso de su proliferación en la raza española.
Ha existido una creencia generalizada de que los movimientos elevados de los caballos españoles son consecuencia de su adaptación al medio geográfico, en este caso, al supuesto hábitat de las marismas del río Guadalquivir. Para los autores que han elaborado esta teoría, el barro y el agua de esta zona hicieron evolucionar a los caballos españoles hasta conseguir ese tipo de movimiento. Sin embargo, estos autores no explican que las marismas andaluzas no llegan a ocupar ni siquiera el 0,5 por ciento del territorio de esta región. Ni como en otras zonas geográficas de iguales características, como es la Camargue francesa, los caballos autóctonos no son de movimientos elevados. Ni por qué los caballos de raza frisona o los hackney, desarrollados en hábitat distintos al del español, son elevados. En el mismo sentido, esos autores han explicado los movimientos "terreros" de los caballos árabes por haber evolucionado en el desierto, en donde no hay agua, barro ni piedras, y, en consecuencia, al no tener que salvar estos obstáculos para desplazarse, no tuvieron la necesidad de evolucionar para conseguir movimientos elevados. De esta forma, se le otorgó un origen casi prehistórico apoyado, posiblemente, en la metáfora neodarwinista de la intencionalidad y la "sabiduría" de la naturaleza, cuya consecuencia es que todo cuanto ella realiza es perfecto. En esta dirección se han realizado todos los estudios sobre el origen del caballo español desde algunas facultades de la Universidad española. Basados en esta teoría, algunos autores, con más cariño que conocimiento histórico, han querido otorgarle al pura raza español más antigüedad de la que tiene en realidad, creando para ello a la inexistente y mitificada raza del caballo "ibérico".

Es indudable que el pura raza español, como expongo en mi libro, titulado: El caballo español: la evolución de su morfología(2), al igual que cualquier otro animal ha sufrido y sufre la constante de la evolución natural a la que se ven sometidas todas las especies, pero también debemos saber que existe una gran diferencia, no separada con suficiente claridad en el mundo del caballo español, entre los conceptos de especie y raza. Sin duda, las especies las creó la naturaleza pero las razas de caballos: tanto la del español como la del frisón, árabe, cuarto de milla, pura sangre inglés, etc... son fruto de la selección a través de cruces realizados por el hombre en la búsqueda de animales que reunieran la morfología, anatomía y sicología adecuada para unos fines determinados. Por ello, desde la utilización e intervención del hombre (desde hace miles de años) en su selección se acabaron las posibles razas "puras" que pudieron haber existido, si es que podemos definir con este término a algunas de las razas que el hombre se encontró en la naturaleza antes de llevar a cabo su manipulación o selección. Precisamente, esa diferencia existente entre raza y especie e, incluso, entre subespecie es la que hay que saber diferenciar para poder llegar a comprender la diferencia entre los caballos "comunes" que pudieron existir en España y los pura raza españoles. Como, asimismo, nos ayudará a conocer la diferencia entre los caballos "comunes" existentes en Arabia y los pura raza árabes. Y el conocimiento de todo ello, sin duda, nos ayudará a comprender la importancia del proyecto que dio origen al pura raza español. llevado a cabo en la ciudad de Córdoba, por decisión del rey Felipe II a partir del año 1567.

LOS MOVIMIENTOS DEL CABALLO ESPAÑOL Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA
Son escasas las fuentes documentales en las que podemos apoyarnos para realizar un análisis sobre cómo eran los movimientos del caballo español en el pasado; pero existen numerosas referencias que permiten afirmar que los caballos más estimados eran los de movimientos elevados, salvo cuando se buscaban caballos para las carreras. Una de estas fuentes son las representaciones artísticas, aunque hay que considerar todas las limitaciones que tienen para el análisis histórico: en primer lugar, la posible idealización que pudiera haber realizado el artista sobre el caballo y el jinete. Y en segundo lugar, que en la mayoría de las representaciones artísticas (pinturas, esculturas, etc...), los autores no pretendían representar los movimientos en sí, sino dar movimiento a sus obras utilizando para ello al caballo o a cualquier otro animal. Prueba de ello lo tenemos en la piedra tallada que representa la comitiva china de la Dinastía Wei, en la que aparece una carreta tirada por un buey, el cual tiene unos aires muy elevados cuando sabemos que estos animales no poseen ese tipo de movimiento(3).
La forma de combate de guerrillas de ataques y repliegues rápidos donde según se ha afirmado se utilizaba el sistema de doma a la "gineta" pudo llevar a algunos autores a pensar que el aire más característico de la raza española era el galope. Siguiendo esa idea sería lógico pensar que lo fuera también de todas las razas existentes en ese momento porque, a qué ejército de entonces no le interesaba tener caballos veloces. Pero mantener por este motivo que la raza española era galopadora, que en el contexto histórico del que estamos hablando significaba caballos rápidos, es oponerse a la propia esencia de los movimientos característicos de nuestra raza desde que se creó: las elevaciones. Todos sabemos que un caballo se verá más favorecido para la velocidad si es de movimientos poco elevados pues, como bien dicen Helen Michaelis y Bob Denhardt:
"Cuanto más energía desarrolla un caballo en impulsarse a sí mismo hacia delante, y cuanto menos debe empujar hacia arriba, mayor es su velocidad"(4).
Asimismo, Thomas Rice no compartía la idea de que el caballo español pertenece a una raza galopadora cuando, en 1874, escribió que eran:
"Muy elásticos en sus pasos, trote y galope corto. Galope más rápido no se le debe exigir, porque pierden su belleza, se desconciertan por la altura del movimiento"(5).
Pero la afirmación de que las elevaciones restan velocidad a los caballos no es un descubrimiento de mediados del siglo XIX, sino que se conocía desde la Antigüedad, por lo que debió incidir en la creación del caballo español en el siglo XVI; Pólux recoge en su tratado una cita de Simón de Atenas (siglo IV a.C.) en este sentido:
"Buen corredor es el caballo que en el acto de correr levanta poco las patas de la tierra."
Luego, si los caballos rápidos son generalmente poco elevados, ¿cómo es posible que el caballo español fuera un galopador rápido y, a la vez, elevado? ¿Cómo se iba a seleccionar una raza galopadora sabiendo que las elevaciones, una de las característica más buscada en la génesis del caballo español, perjudicaba la rapidez de la misma? La realidad es que el caballo pura raza español nada tuvo que ver en su origen con la velocidad, pues fue un caballo diseñado para el picadero. La realidad es que, como dije en mi libro Historia y origen del caballo español:
"Acabadas las grandes guerras la nobleza del siglo XVI, que había pasado de ser guerrera a palaciega, reclamaba un caballo con unas determinadas características que eran distintas de las que, hasta entonces, se habían seleccionado. Los caballos existentes en la península ibérica carecían de la espectacularidad que requerían los nuevos aires de doma. Las nuevas distracciones de la nobleza como: los juegos ecuestres de cañas, torneos, parejas y los inacabables paseos requerían, según la demanda, un caballo de extremas elevaciones y con mayor grado de doma que fueran capaces de sobrecoger a los espectadores en las exhibiciones, en los desfiles que se celebraban en las calles y, principalmente, en los picaderos reales"(6).
Por ello fue necesario la consecución de otro tipo de caballo que pudiera realizar estos aires con la perfección y belleza requerida. Esta necesidad fue lo que provocó que Felipe II mandara, el 28 de noviembre de 1567, crear, en Córdoba, una nueva raza de caballos que poseyera tales características. De este proyecto nació el caballo pura raza español, del que el P. Coloma describió sus movimientos más espectaculares en su Retratos de Antaño, al relatar unos juegos de parejas que se celebraron en Aranjuez, en 1773, en honor de Carlos III:
"...yendo y viniendo, cruzándose de continuo para formar difíciles y caprichosas figuras de matemáticas, de cuadros, de alas, de encrucijadas, ruedas y ángulos, trotando a veces con elevación asombrosa..."(7).

LA APARICIÓN DEL CAMPANEO
La realidad es que entre las características del caballo conseguido se encontraba la belleza y los movimientos elevados. Ello no se debió a la evolución natural sino que desde el inicio del proyecto para conseguir la raza española se buscaron caballos y yeguas que fueran elevados sin importar el tipo ni la raza. La nueva doma a la brida (alta escuela) demandada y practicada en los picaderos reales de todas las cortes europeas se fundamentaba, además de en los aires espectaculares como cabriola, alzada y posada, en los movimientos de reunión al trote como el piafe y el passage. Son estos unos aires que adquieren mayor belleza cuanto más elevados se ejecuten, por ello se adoptaron para la raza española convirtiéndose en una de sus característica más identificativas a lo largo de los siglos. Una de las consecuencias que ha tenido esta selección es que se haya acusado a los ganaderos de los siglos pasados de no dar más importancia a otras características de la raza:
"No se esmera el criador en perfeccionar su casta, no corrige defectos de conformación de los miembros de la yegua y el Caballo: echa cualquier Caballo a cualquier Yegua, especialmente si es grande, y trae los brazos altos cuando camina"(8).
Hoy se le exige al caballo español que sus movimientos sean ordenados y cadenciosos. Pero no siempre fue así pues, una parte de aficionados y caballistas preferían los movimientos relatados por el P. Coloma:
"Venía el primero el Príncipe de Asturias, todo de encarnado y blanco, sobre su soberbio potro cordobés, que llevaba el paso con el gracioso braceo, clásico y español puro, que nuestros extranjerizados caballistas ya no conocen"(9).
Entre los siglos XVI al XIX se llegó a dar tanta importancia a los movimientos elevados que si los caballos no lo eran no se cotizaban. Se buscaban caballos tan excesivamente elevados que no se le daba importancia a que no avanzaran, incluso, se prefería en algunos momentos que no lo hicieran. Como hemos expuesto, los nobles exhibían sus caballos en interminables desfiles en calles y plazas y los que causaban una mayor admiración eran los más elevados. Al avanzar más lentamente podían ser más tiempo contemplados con lo que se convertían en los más requeridos y cotizados. Además, la forma de montar acentuó esta característica y favoreció la aparición del "campaneo":
"Es montado con un freno muy fuerte y pesado, su cabeza es mantenida alta, y su barbada pegada a su cuello: entonces, con las espuelas en sus flancos, ejecuta el paso, parece andar sobre sus piernas, levantando sus manos altas y meneando en redondo sus cascos, levantando el polvo y fango, y poniéndolos con fuerza casi en el sitio donde los levantó. Eso es muy apreciado paso..."(10).
Se seleccionaron entonces, para sementales, a los caballos que poseían este tipo de movimiento, lo que hizo que se convirtiera rápidamente en un rasgo característico del caballo español durante mucho tiempo. Además de por lo novedoso del movimiento, se extendió rápidamente a finales del siglo XVII al ser recomendado por autores de textos ecuestres, que en este periodo histórico tenían gran influencia en el sector ganadero. Precisamente, uno de los libros que, ingenuamente, ha sido más copiado para definir algunas de las características que configuran al caballo español, Pinturas de un Potro, lo aconsejaba:
"Al andar las manos las a de echar aviertas, doblandolas afuera y no hechandolas arrastrando para adelante"(11).
Y en el siglo XIX, Serafín Estébanez Calderón, en sus Escenas Andaluzas, describe de forma elogiosa los movimientos de un caballo de la feria de Mairena (Sevilla) que campaneaba:
"Las calles era necesario ensancharla para su braceo; las piernas se quebraban como una uva, tan ágiles y sutiles era...".
Este tipo de movimiento ha sido buscado en la raza española hasta hace apenas unos años. Muchos ganaderos actuales ostentaban con orgullo el campaneo de sus caballos y ello favoreció la búsqueda de esta característica y no sólo en España sino también en el resto del mundo. Pues, como todos sabemos, los pura razas españoles se convirtieron en moneda de cambio que llegaron a expandirse por el mundo entero. Numerosas razas de países extranjeros, principalmente de América del Sur, adoptaron este tipo de movimiento conocido desde el siglo XIX con la denominación de "campaneo" e, incluso, hoy lo siguen apreciando. Pero, en España, entre los años setenta y ochenta, se empezó a buscar otro tipo de movimiento para los caballos españoles, por lo que el "campaneo" fue desapareciendo de la raza. Asimismo, favoreció su decadencia la Orden de 15 de septiembre de 1970 por la que se modificaban determinados artículos de la normativa que rige el funcionamiento del Registro-Matrícula del caballo español, en el apartado 14, punto 2.5, con referencia al campaneo, ya decía:
"Dado su carácter superfluo y en gran parte derivado de domas inadecuadas, no debe ser tomado en cuenta en la valoración del animal".
Desde que se inició en los años ochenta la demanda de un caballo más funcional, se crearon pruebas con esta finalidad en los concursos, ya que hasta entonces sólo se calificaba la morfología. Para adaptarse a esta nueva demanda, los ganaderos seleccionaron sus líneas en busca de un tipo distinto de movimiento. Algunas líneas de caballos que no refrescaron su genética, como la conocida por el nombre del "bocado", en la creencia de poseer un origen cartujano (lo que demostré ser una fantasía sin fundamento en mi libro Historia de los Caballos Cartujanos) no se adaptaron a esos cambios y mantuvieron el "campaneo". Bien por ignorancia o por la imposibilidad de una mejora tan rápida como experimentaron otras líneas de caballos. Por ello pasaron, después de muchos años de esplendor en los concursos morfológicos, a un segundo término cuando fueron desplazados de forma aplastante por otras líneas que conseguían caballos más funcionales.

EL CAMPANEO EN LA ACTUALIDAD
Hoy el "campaneo" es considerado un defecto que se penaliza bastante en los concursos, pues la tendencia es hacerlo desaparecer de la raza. Incluso, en doma clásica, aunque no esté reglamentado, a veces se observa una pequeña inclinación por parte de los jueces a rebajar alguna puntuación a las caballerías que presenten un excesivo campaneo. Aunque, lógicamente, mientras no afecte a su funcionalidad para este tipo de competición no debería incidir en la puntuación.
Realmente, los pasos seguidos últimamente para erradicar el "campaneo" han realizado una gran labor en esta dirección pues rápidamente se ha ido corrigiendo. Su eliminación es fácil pues, como se ha señalado, su aparición en la raza española es debido a una selección artificial por lo que en tan sólo una generación se ha podido reducir de forma importante su aparición. Actualmente, en las revisiones de sementales según la normativa vigente, el campaneo: "penaliza su calificación en grado correlativo con su intensidad".
También hay que exponer que últimamente se le ha dado excesiva importancia al "campaneo". Es cierto que dificulta el movimiento natural de los caballos pero quizás sea menos gravosa de lo que algunos articulistas han afirmado pues no debemos olvidar que los caballos reciben la fuerza impulsora de su tren posterior. Tampoco hay que olvidar, aunque siempre existe una cierta correlación del cuarto delantero de los caballos con el trasero, que este movimiento, como se ha señalado, es parásito en el raza. Entendiendo como parásito a un movimiento seleccionado por el hombre durante un periodo histórico determinado. Posiblemente, el motivo de que hoy sea muy penalizado en los concursos haya sido no sólo a su proliferación sino que también se debe a la excesiva agravación del "campaneo" en la primera mitad del siglo XX. Aunque, también hay que hacer constar que no se han realizado estudios serios sobre la relación de este tipo de movimientos con la durabilidad de la caballería en estado satisfactorio para ser utilizado. Es lógico pensar que este defecto en su grado máximo pudiera disminuir el tiempo de durabilidad de una caballería y máxime cuando la búsqueda, durante el mismo período en el que se buscaba el "campaneo", de pechos anchos llevó a la proliferación del defecto de "zambo" que facilitaba, asimismo, la aparición y aumento del "campaneo" y dañaban, lógicamente, las articulaciones.
Las relaciones morfo-funcionales y culturales como la utilidad real a la que se dedicaban los caballos españoles en el pasado, la destacada anchura de pechos que hemos señalado, brazo y antebrazos cortos, rodillas y corvejones altos y cañas y cuartillas largas favorecieron la aparición y posterior mantenimiento durante siglos del "campaneo". También hay que resaltar que en los últimos años el caballo español se utilizó como caballería de enganches de lujo y en estos no se premiaba la velocidad sino sus elevaciones, por lo que no se le dio más importancia a la aparición del "campaneo".
Actualmente, y, aun considerando que a este movimiento se le ha pasado su tiempo, sería inadecuado juzgar cualquier forma de "campaneo" como defecto absoluto porque se podría llegar al absurdo de desechar caballos extraordinarios por el simple hecho de que campanearan un poco. Por lo que lo lógico será puntuar este defecto como cualquier otro según el grado de acentuación que presente.
Quisiera terminar diciendo que en la actualidad existe una tendencia en algunos ganaderos a restar importancia a los movimientos elevados, lo que, en mi opinión, sería negativo para la raza. Además, no se debe confundir elevaciones con la falta de remetimiento de los posteriores. Para que un caballo español se considere en la actualidad excelente, debe avanzar, pero es imprescindible que antes eleve y todo ello rodeado de la belleza que debe crear una buena cadencia. Estas características no son incompatibles; son, lógicamente, más difíciles de conseguir unidas en el mismo caballo.

J.C. ALTAMIRANO

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NOTAS:
1 Altamirano Macarrón, J.C. Diccionario Ecuestre Español. Ediciones ecuestres. Málaga, 1998.
2 Altamirano Macarrón, J.C. El caballo español: la evolución de su morfología. Ediciones ecuestres. Málaga, 2000.
3 Chen Chih-Ping y Chen Shif-Fu. Historia de China. Cambios sociales y movimientos de población. Ed. Publishing Company, Taiwan, 1961, p.23.
4 Michaelis, H; Denhardt, B. The Quarter Horse. Texas, 1945.
5 Sidney. The book of the horse. 1874-75. 2 Ed., 1893, p. 133.
6 Altamirano Macarrón, J.C. Historia y origen del caballo español. Ediciones ecuestres. Málaga, 1998, pp. 174-175.
7 Cit. en Rossi, D. Las Parejas (1781). Madrid, Patrimonio Nacional, 1987, p. 40.
8 Pomar, P.P. de. Causas de la escasez y deteriodo de los caballos de España. Madrid, 1793. p. 36.
9 Rossi, D. Op. cit., p. 113.
10 Sidney. The book of the horse. 1874-75. 2 Edición, 1893, p. 134.
11 Anónimo. Pintura de un potro. Libro de la Gineta. Ed. Sociedad de bibliófilos españoles. Madrid, 1877, p.4.

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© Texto y Fotos: Ediciones PURA RAZA (Revista PURA RAZA)


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